Cuando quieres a alguien hasta el punto de perderte a ti mismo. Y cuando la heridas no paran de sangrar, que ojalá me dejaran cicatriz para poder ir presumiendo de la dura batalla. Pero no, tu nunca cicatrizas, siempre serás una herida abierta, una sección en pleno corazón abierta de par en par, en la que cualquiera puede meter la mano, pero solo tu eres capaz de llevártelo.
Lo he intentado.
Lo prometo. Lo intenté con todas mis fuerzas, pero hoy es una de esas noches en
las que rozo el límite. Y ya no puedo más, ya no se cómo hacerlo.
Le he dado mil
vueltas. Y realmente aún no sé si lo que necesitas es estar sin mi.
Dios, como odio
esto.
Te parecerá increíble,
pero media parte de mi es tuya, y joder, como duele.
Me he mantenido
callada, en serio. He intentado ser ideal, mantenerme a raya, pero no puedes
hacerte una idea de cómo me desangro cada vez que de tu boca sale alguna
palabra relacionada con ‘nosotros’.
‘Nosotros’, si,
porque ya no se qué pensar, ya no se cómo actuar, ya no se qué soy, ya no se
quién soy, ya no se a donde voy y ya no se qué esperar.
Lo único certero
ahora mismo es que duele.
Había escuchado tantas veces todo lo que valgo que ya ni me lo
creía. Me pregunto de qué me sirve valer millones si no hay nadie dispuesto a
pagarlos. Y es que valemos lo que estén dispuestos a dar por nosotros.
Dime tú qué debía hacer, si dando nada parecía demasiado y si dando demasiado no era suficiente. No hay puntos medios. Eso nunca funciona.
El alcohol, si, el alcohol va por mis venas demasiado deprisa, no puedo alcanzar su velocidad. Habla más rapido que yo.
Sin medios económicos para que un psicólogo me diga que soy idiota perdida. Apareces tú, con no más de un par de euros en el bolsillo para satisfacer el mas estúpido y placentero de los vicios y me das sesiones gratis. Camino guiada por los impulsos y los desgastes en tu diván.
Me sobreviviré a mí misma si es necesario pero necesitaré tus labios para caerme en ellos de vez en cuando, cuando mis pies me fallen.
Dame una cama y unas sábanas y te costruyo un mundo en miniatura.
Que a ti, psicólogo, voy a volverte loco.
Dime tú qué debía hacer, si dando nada parecía demasiado y si dando demasiado no era suficiente. No hay puntos medios. Eso nunca funciona.
El alcohol, si, el alcohol va por mis venas demasiado deprisa, no puedo alcanzar su velocidad. Habla más rapido que yo.
Sin medios económicos para que un psicólogo me diga que soy idiota perdida. Apareces tú, con no más de un par de euros en el bolsillo para satisfacer el mas estúpido y placentero de los vicios y me das sesiones gratis. Camino guiada por los impulsos y los desgastes en tu diván.
Me sobreviviré a mí misma si es necesario pero necesitaré tus labios para caerme en ellos de vez en cuando, cuando mis pies me fallen.
Dame una cama y unas sábanas y te costruyo un mundo en miniatura.
Que a ti, psicólogo, voy a volverte loco.
Fui feliz, o fuimos felices, y esa felicidad que intento
recrear abriendo el cajón de los recuerdos no la he vuelto a ver. Este blog
nació prácticamente en ti, me convertiste en poeta de tu mirada, de tu piel, de
tus besos. Reina de la metáfora, pero también de tu ausencia. Por muchas
personas que pasen por nuestras vidas, este blog lo reservo solo para ti, como
un hueco en mi corazón, dueño del amor más puro que ha podido existir y a la
vez más imposible. Da igual los años y los daños, porque como dijo Coelho “A veces, se desprende más energía discutiendo con
alguien a quien amas que haciendo el amor con alguien a quien aprecias”, y estoy intentando aprender a vivir con ello.
No me culpes,
culpa a la madurez. Estaba escrito que nos amáramos como niños, puramente, sin
maldad, pero ahora somos adultos y la pureza brilla por su ausencia. Hemos
crecido, por desgracia un día decidimos soltarnos las manos para seguir caminos
distintos y aquí nos encontramos, en un absurdo juego de imposibles, un absurdo
juego en el que siempre nos arrepentimos de algunas decisiones tomadas, y
siempre cuestionándonos si será lo mejor para ambos.
Me has hecho daño,
me encantaría poder olvidar frases que he escuchado para poder seguir a pie de
cañón. ¿Serán verdad? Querría preguntarte, aunque fuera con el simple pretexto
de saber algo de ti.
Aún miro mi futuro
y apareces tú, no sé cómo lo haces.
Por favor, que
alguien me dé la clave o haga magia. No sé si volver sobre mis pasos para
encontrar tus huellas y seguirlas hasta alcanzarte. Déjame migas de pan, como
en Hansel y Gretel, que si no nunca te volveré a ver. Espérame. Deja pasar el
tiempo. Deja que la rabia y el rencor se apaguen para volver a empezar.
Deja que esta
herida cicatrice.
Pero no te olvides de mí. Por favor, no lo hagas. Mándame una
señal.
Te quiero y siempre te querré.
A.
Lo que pasa
por Juan Gelman
Yo te entregué mi sangre, mis sonidos,
mis manos, mi cabeza,
y lo que es más, mi soledad, la gran señora,
como un día de mayo dulcísimo de otoño,
y lo que es más aún, todo mi olvido
para que lo deshagas y dures en la noche, en la
tormenta, en la desgracia,
y más aún, te di mi muerte,
veré subir tu rostro entre el oleaje de las
sombras,
mis manos, mi cabeza,
y lo que es más, mi soledad, la gran señora,
como un día de mayo dulcísimo de otoño,
y lo que es más aún, todo mi olvido
para que lo deshagas y dures en la noche, en la
tormenta, en la desgracia,
y más aún, te di mi muerte,
veré subir tu rostro entre el oleaje de las
sombras,
y aún no puedo abarcarte, sigues creciendo como
un fuego, y me destruyes, me construyes, eres oscura como
la luz
un fuego, y me destruyes, me construyes, eres oscura como
la luz
(Seguiremos sumando algún día)
5411
“Dicen que a lo largo de nuestra vida tenemos dos grandes amores; uno con el que te casas o vives para siempre, puede que el padre o la madre de tus hijos, esa persona con la que consigues la compenetración máxima para estar el resto de tu vida junto a ella.
Y dicen que hay un segundo gran amor, una persona que perderás siempre. Alguien con quien naciste conectado, tan conectado que las fuerzas de la química escapan a la razón y te impedirá, siempre, alcanzar un final feliz. Hasta que cierto día dejarás de intentarlo. Te rendirás y buscarás a esa otra persona que acabarás encontrando.
Pero te aseguro que no pasarás una sola noche sin necesitar otro beso suyo, o tan siquiera discutir una vez más. Todos sabéis de qué estoy hablando, porque mientras estabais leyendo esto os ha venido su nombre a la cabeza.
Te librarás de él o de ella, dejarás de sufrir, conseguirás encontrar la paz (le sustituirás por la calma), pero te aseguro que no pasará un día en que desees que estuviera aquí para perturbarte…
Porque, a veces, se desprende más energía discutiendo con alguien a quien amas que haciendo el amor con alguien a quien aprecias.”
Paulo Coelho, The Zahir
No me quito este texto de la cabeza.
Sé que estás ahí, sé que me sigues leyendo, sabes que no me olvido de ti.
No sé si fui yo o fue la vida quien me arrancó de esos instantes de placer. Aún no consigo acordarme del momento exacto en el que la comisura de tu boca quebró tu sonrisa para convertirla en una mueca de tristeza. No recuerdo cuando fue la última vez que te besé sin miedo a perderte. Tampoco recuerdo cuándo pusimos la primera piedra para construir este muro que nos separa, cuándo empezó a astillarse nuestro amor. ¿Se nos acabaría el amor de tanto usarlo? Pero tampoco logro recordar los abrazos y caricias que decían "no te escapes, no te vayas de mi", ni los besos con sabor a primeras veces, ni siquiera de la manera en la que se me iba la vida en ello. No recuerdo verte aparecer a lo lejos y que en mi interior se organizara una estampida.
No recuerdo tu piel, no recuerdo tu olor, no recuerdo tu voz.
Contigo cada día era reinventarse, y ya no me acuerdo del día en que dejamos de hacerlo.
El día de hoy no se volverá a repetir. Vive intensamente cada instante, lo que no significa alocadamente; sino mimando cada situación, escuchando a cada compañero, intentando realizar cada sueño positivo, buscando el éxito del otro; y examinándote de la asignatura fundamental: el amor, para que un día no lamentes haber malgastado egoístamente tu capacidad de amar y dar vida.
– El club de los poetas muertos

Cuando más empiezo a quererte es cuando te vas, cuando te esfumas y me abandonas en una noche cualquiera, en cualquier lugar. No importa. No te importa. No importo. Pero me gusta, y me gustas. Me gusta perseguirte, este juego que hemos inventado entre tu y yo, aunque a veces pierda la gracia cuando yo me voy y tu no me sigues.
No lo entiendo. A veces no consigo entender este juego. Te saltas las reglas y me haces más feliz de la cuenta, y entonces yo ardo, ardo junto a las instrucciones de este absurdo placer de perderte para luego encontrarte, las instrucciones que pautan cómo debo comportarme, que ponen el límite de esto, y entonces hay que volver a dibujar la dichosa línea de este tira y afloja, a veces un poco más cerca, pero otras... otras un poco más lejos. No se si llegará el día en el que traspasemos ese límite que mide los gestos y las palabras.
¿Qué pasará?, ¿estallaremos en pedazos o estallaremos en besos?
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